Fue raro verte al mediodía y que se cruzaran nuestras miradas. Más extraño aún fue que te acercaras y me saludaras. Pero lo peor de todo fue la sensación de plenitud que tuve cuando hablamos como si el tiempo no hubiera pasado, como si estuviéramos sentados en el suelo sin nada más que pensar ni hacer que tenernos el uno al otro. Lo admito te extrañaba.

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Hoy asume lo que venga